Borja Lozano forma parte del equipo del Ateneu Popular 9 Barris

Borja Lozano forma parte de Bidó, la asociación que gestiona el Ateneu Popular 9 Barris, y que recientemente ha conseguido el Premio Nacional de Circo. Es un premio muy merecido, porque además de producir espectáculos
de gran nivel como el Circ d’Hivern el Ateneu es una escuela que utiliza el circo para unir a la comunidad
de Nou Barris.

Habéis ganado ni más ni menos que el Premio Nacional de Circo.
Sobre todo lo hemos recibido como un reconocimiento a todo el trabajo que se ha hecho en el Ateneu alrededor del circo. Como productores del Circ d’Hivern, que este año celebra ya 24 ediciones. Pero también por la formación que hacemos.

El circo está al alza, pero ahora es uno muy diferente.
Eso es verdad. Todavía hay mucha gente que asocia el circo a los animales, que es algo que incluso está prohibido. El circo está cogiendo una deriva contemporánea y está muy presente porque es una disciplina que recoge muchas otras. Ahora mismo al circo se le está dando un valor que hasta ahora no tenía.

¿Qué tipo de formación hacéis?
Es un área bastante grande. Acoge una escuela infantil y juvenil de circo. Tenemos proyectos comunitarios con gente mayor, adolescentes, escuelas… Hay uno muy bonito en que juntamos personas mayores con estudiantes de la ESO para formar un espectáculo. Es un buen ejemplo de lo que entendemos por trabajo comunitario: es un trabajo en red.

Y todo autogestionado.
Las personas y los colectivos pueden gestionar recursos públicos y trabajar para las comunidades desde las propias comunidades. Por eso colaboramos con escuelas, con centros de día. Y así vamos tejiendo redes.

Y el Circ d’Hivern es la última pieza.
Sí, es la parte más reconocible del Ateneu, en Barcelona e incluso en Europa. Cada año se crea un espectáculo inédito de circo de sala. Se representa en el Ateneu y luego empieza una gira. La idea es que vayan surgiendo compañías estables.

El Ateneu es un edificio imponente.
Antes era una planta asfáltica. Aquí se hacía cemento a primeros de los años setenta. Contaminaba mucho el vecindario así que un colectivo de vecinos decidió entrar por la fuerza un domingo, encerraron al guardia en la garita y derribaron la chimenea.

Un buen comienzo.
Entonces comenzó un proceso para convertirlo en una infraestructura del barrio. Entonces no había ningún tipo
de servicios en esta zona, ni siquiera escuelas. Ahí nació el Ateneu: un grupo de personas que comenzó a gestionar este el centro de manera horizontal y radicalmente democrática. Y ese espíritu sigue vivo hoy.