Begonya Gasch, directora de la Fundación El Llindar

La Fundación El Llindar es una escuela muy especial. Acoge a jóvenes con problemas, les enseña un oficio, pero sobre todo los acompaña. Todo empieza con una charla con la directora, Begonya Gasch, una profesora entregada a la causa de ayudar a unos chicos y chicas demasiado ocupados en sobrevivir para poder adaptarse a las exigencias de las escuelas convencionales. Ella es la directora de la Fundación El Llindar.

¿Qué es exactamente El Llindar?
A nosotros nos gusta llamarlo una escuela de nuevas oportunidades. Ofrecemos formación para niños y niñas de 12 a 25 alumnos, pero sobre todo los acompañamos. Comenzamos con 8 alumnos y ahora tenemos 400.

¿Qué tipo de jóvenes llegan aquí?
Lo que tienen en común es que algo no ha ido bien en el sistema educativo ordinario, y han salido de la peor manera. Tenemos un sistema que centrifuga a los que no encajan en su oferta. A parte de un recorrido académico difícil, tienen una vida complicada.

Así es difícil encajar…
Sí, me gusta explicar que no tienen energía suficiente para aprender, porque deben utilizarla para sobrevivir.

Os han premiado como escuela de formación profesional
Sí, para nosotros son muy importantes los reconocimientos, porque nacimos al margen del sistema educativo y nos ha costado formar parte del paisaje educativo del país. 

Estar al margen os permite mayor flexibilidad, supongo.
Efectivamente. Nosotros hemos inventado una escuela a medida de sus intereses, y de su ritmo. Eso tiene un precio, claro, el económico. 

La falta de presupuesto.
El año pasado no salió ningún concurso público y 220 alumnos se quedaron sin financiación. No podíamos volver a echarlos fuera. Así que se quedaron, y la Fundación hizo un gran esfuerzo.

Al final, sois vosotros quiénes tenéis la patata caliente.
Sí, algunos todavía piensan que nuestra función es controlar a la chusma, a los malos,a los locos. Hacer de parking. Pero no, somos una escuela.

Y los acompañáis.
Eso es. Siempre les digo: La vida es muy jodida, y la tuya, mucho. Pero, ahora, ¿qué hacemos? Hay que darles responsabilidades para que afronten la vida. Han de mirar hacia delante. Y nosotros caminamos a su lado. 

¿Qué estudian aquí los jóvenes?
Los que tienen entre 13 y 16 siguen un equivalente al ESO. Y, después, pueden hacer una formación profesional. Pueden estudiar imagen personal, automoción, mantenimiento, restauración, diseño gráfico, informática, comercio o programación. Hemos pasado de ser un lugar residual para los locos a ser una gran oportunidad para los jóvenes que quieren formarse.