Eugènia Delgado, Directora de Plàudite Teatre

Plàudite Teatre es un espacio de artes escénicas donde dan forma a proyectos de proximidad. Organizan talleres de teatro para jóvenes y adultos, montan obras propias, colaboran con los colegios y programan funciones escolares para el Teatre Joventut y el Auditori Barradas. Pero hay mucho más. Lo que intentan es cambiar un poquito el mundo a base de teatro.

Hace mucho que estáis en esto?
Pues, más de veinte años. Nacimos de un grupo que quería hacer teatro en la ciudad. Comenzamos haciendo bolos, y ahora somos el referente del teatro en l’Hospitalet.

¿Por el tiempo que lleváis?
Por eso y por la manera de hacer las cosas. Lo hacemos desde un punto vista artístico, pero también muy humano.

Ahora sois escuela de teatro.
Bueno, somos más cosas. Por un lado tenemos la escuela de teatro en el Centro Cultural Santa Eulàlia. Tenemos alumnos desde 3 hasta 87 años.

¿87? ¡Caray!
Es el mayor alumno que tenemos. Nacimos como compañía, pero pronto necesitamos formación y comenzamos a hacer talleres. Luego ampliamos, y ahora tenemos 175 alumnos. Y muchos vuelven cada año, o cuando pueden.

El teatro también es terapéutico para los adultos ¿no?
Por supuesto. Acogemos tanto a los que sólo quieren hacer teatro de forma amateur, como a los que quieren dedicarse como profesión. Tenemos alumnos que ya han pasado por el Institut del Teatre y ahora son actores o actrices. Y damos formación a profesionales.

¿A quién?
Básicamente profesionales del mundo de la salud, profesores, psicólogos. Para que puedan utilizar el teatro como una herramienta.

Seguro que hay algún político…
Pues sí. Y de más de un partido… También mantenemos un grupo de teatro de jóvenes, Platea.

Sois muy conocidos, incluso internacionalmente, por el teatro comunitario. ¿En qué consiste?
Tenemos muchos proyectos en escuelas u otros centros. Nosotros vamos a hacer teatro, pero, a veces, conseguimos otras cosas para la comunidad. Por ejemplo, uno de los proyectos más interesantes es el teatro crítico. Creamos un grupo en un instituto y luego mezclamos a los chicos con otro grupo de un barrio diferente. O también tenemos el teatro intergeneracional, donde formamos un grupo con los chicos del instituto y a gente mayor del CAP más cercano.

¡Vaya mezcla!
Es fantástico. Porque en nuestros barrios la gente mayor todavía es muy de aquí, y los niños, no tanto. Pero cuando les pones a trabajar juntos, dejan de ser esos niños. Cada uno tiene su nombre.