Lídia González, subdirectora de la Associació Educativa Ítaca

Lídia González estudió Trabajo Social y ejerce en uno de los mejores lugares posibles: la Associació Educativa Ítaca. Es una entidad que ha llevado la cultura del esplai a la máxima expresión, creando una segunda familia para los niños que viven situaciones complejas en sus casas. Cada tarde más de 200 chavales se divierten y aprenden en Ítaca.

Cada tarde se reúnen más de 200 niños aquí. ¿Qué hacéis con ellos?
Antes los vamos a buscar a la escuela. Son niños que no tienen un referente adulto porque está trabajando. O pertenecen a familias monoparentales sin red familiar. Así que vamos nosotros a recogerlos.

Y los traéis aquí.
Eso es. Lo primero es acogerlos. Les damos la merienda, charlamos… Luego los dividimos por edades y comienza la parte más educativa. Siempre desde el punto de vista del ocio.

Hay que divertirse, pero aprendiendo algo, ¿no?
Sí. Es difícil, porque llevan no sé cuántas horas encerrados en la escuela. Pero, por otro lado, si no hacen los deberes aquí, no los harán en ninguna parte. Por eso, a partir de primaria, hacemos refuerzo escolar.

Algo de deberes hay que hacer…
Un poco sí. Lo que pasa es que al tener niños de escuelas públicas y de concertadas, hay quién tiene muchos deberes y quién tiene menos. Es un puzzle que tenemos que cuadrar. Y luego está la parte educativa, donde se trabajan valores y emociones.

¿Y cómo se trabaja eso?
Son programas educativos. Con los pequeños hacemos psicomotricidad. Cuando crecen, trabajamos su espíritu crítico. Cosas que en la escuela no se pueden trabajar intensamente. Siempre intentamos que ellos participen haciendo propuestas y dinamizando.

Que se sientan importantes.
Sobre todo, a los jóvenes, hay que motivarlos. El paso al instituto es difícil y nuestros jóvenes viven situaciones familiares bastante complejas. Muchos deben hacerse cargo de sus hermanos pequeños, o viven en viviendas sobreocupadas donde no tienen un espacio íntimo. Como si la adolescencia no fuera lo bastante complicada…

Al final, sois como una segunda familia para muchos de ellos.
Sí, porque somos un equipo bastante fijo, y los niños encuentran aquí un referente positivo que no tienen en su casa, o que sus padres no pueden proporcionarles, porque tienen que encadenar varias jornadas laborales para subsistir. Ellos nos dan la confianza de cuidar a sus hijos, y es así como se establece el vínculo. De hecho, nosotros trabajamos con toda la familia, porque no tiene ningún sentido trabajar solo con el niño.